La asistencia técnica del CIAT en una cáscara de nuez
Sheldon Cohen, primer presidente del Consejo Directivo del CIAT, afirmó en una entrevista con ocasión de la 50.ª Asamblea General: “Una vez que tienes algo de cooperación, es más fácil tener más cooperación”. Vale la pena parafrasearlo hoy para decir que, con un poco de asistencia técnica, también es más fácil generar más asistencia técnica.
A diferencia de nuestro planeta, que no comienza ni termina en los polos ni en el meridiano cero, la historia de la asistencia técnica del CIAT sí puede situarse con razonable precisión en el tiempo.
Sus primeros pasos se remontan a 1977, cuando Alemania decidió apostar por América Latina. A este esfuerzo se sumaron España y Francia en 1982, con sus misiones permanentes. Entonces se dio la incorporación a la Secretaría Ejecutiva de un responsable de cooperación técnica: Jorge Cosulich, uno de los autores de este texto. A él le correspondió dirigir el primer proyecto de asistencia técnica del CIAT, vinculado a las tecnologías de la información —entonces llamadas, simplemente, “informática”—, en el que participaron dos consultores brasileños, funcionarios del SERPRO, pioneros en adentrarse en las todavía inciertas aguas de la consultoría para las administraciones tributarias de América Latina y el Caribe. Uno de ellos, el primero de los consultores del CIAT, Antonio Seco, es también coautor de estas líneas.
A esa primera experiencia le siguió el proyecto RUC/CC, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo, que dio inicio a una larga relación de cooperación con el BID, a veces explícita y otras veces tácita, pero siempre significativa. Bajo el liderazgo de Luisa Rains al frente de la División Fiscal del BID, esa etapa permitió llevar la asistencia técnica, junto con el CIAT, a países de Centroamérica y de América del Sur. En aquellos años se sumaron a la Secretaría Ejecutiva figuras como Jorge Eduardo Corradine, cuyo nombre honra hoy nuestra biblioteca, así como los gerentes de proyectos Celso Mora y Francisco Beiner, quien permaneció vinculado al CIAT hasta 2025. En este proceso se recuerda especialmente a Marcio Gomes da Cruz por su contribución en el CIAT primero, y en el BID, después, fue importante para consolidar estos esfuerzos. Fue también en ese periodo, en 1992, cuando Raul Zambrano, el tercero de los autores, participó en su primera consultoría con el CIAT.
Ya en 2001, y con Jorge Cosulich como Secretario Ejecutivo, la gestión de los proyectos en la Secretaría Ejecutiva incorporó primero a Paulo Sergio dos Santos y luego a Nelson Gutiérrez como Director de Operaciones. Más adelante se sumó Márcio, otro de los autores , quien, ya en su calidad de Secretario Ejecutivo, dio un nuevo impulso a la asistencia técnica del CIAT y encomendó a Raul la dirección de estos procesos. En los que, como consultores Jorge y Antonio han continuado apoyando.
A lo largo de estas décadas, en diferentes momentos, los cinco hemos sido, a veces, protagonistas y, otras, testigos privilegiados de proyectos de mejora de procesos, implementación de sistemas, redireccionamiento estratégico, fusiones organizacionales, reformas tributarias, fortalecimiento institucional, desarrollo de capacidades y muchas otras formas de cooperación. Esa labor se ha desplegado en todos los países miembros del CIAT de América Latina y el Caribe, al menos con una intervención en cada uno de ellos. Así acompañamos la creación y consolidación de instituciones como la SUNAT, el SENIAT, el SRI, la SAT o el SAR, siglas que hoy se identifican solas, sin necesitar nombrar al país. También participamos en la mejora y automatización de procesos que abarcan desde el catastro hasta la cuenta corriente tributaria, desde la gestión de riesgos hasta la auditoría, desde la asistencia al contribuyente hasta la prevención de conflictos, y desde el procesamiento de declaraciones en papel hasta los sistemas nacionales de facturación electrónica y las declaraciones prellenadas.
Basta observar las fichas fiscales para advertir que, desde 1990, la presión tributaria en la región ha registrado un notable incremento de siete puntos, equivalente a cerca del 50 %. O lo importante que se ven indicadores como el costo de la recaudación, 0.95 centavos por dólar; o el nivel de madurez tecnológica de las administraciones tributarias, donde los países de América Latina y el Caribe alcanzan 0.57, cercano al 0,59 de todos los países miembros, y muy superior a la media mundial.

No se puede atribuir esta mejoría a un único factor. Los elementos que la explican son múltiples: la profesionalización del recurso humano, el fortalecimiento institucional, el acompañamiento de marcos normativos coherentes y la propia maduración de las administraciones, entre otros. Pero nos gusta pensar que, en una pequeña parte de esa mejoría, en esa modesta “cáscara de nuez”, también ha contribuido la asistencia técnica del CIAT.
En ese proceso han participado muchísimas personas. Es imposible nombrarlas a todas sin incurrir en omisiones involuntarias, pero resulta justo mencionar al menos a los colegas de la Secretaría Ejecutiva que hoy continúan actuando en tareas de asistencia técnica directamente: Gonzalo Arias, el último de los autores de este post, Alejandro Juárez y Santiago Díaz de Sarralde, a quienes se suman Vinicius Freitas, David Borja, Julia Fontaine, Décio Carretta, Maureen Pérez, Tomás Torres, César Trejos, Anarella Calderoni, Fransheska López y David Jerezano. Junto a ellos, merecen especial reconocimiento los jefes de las misiones ante el CIAT que participaron directamente en los proyectos, no solo como expertos, sino sobre todo como colegas que trabajaron codo a codo con las administraciones: Daniel Verneth, de Francia; Hans Fuchs, de Alemania; Stefano Gesuelli y Antonio D’Agostino, de Italia; y, de España, Rafael Salinas, Raúl Junquera, Luis Cremades, Juan Redondo y Mariano Rojo.
A ellos se suma una extensa red de consultores que, a lo largo de más de cuatro décadas, ha sido decisiva para el desarrollo de estas iniciativas. Procedentes de distintas latitudes, con idiomas, trayectorias y especialidades diversas, han enriquecido el trabajo del CIAT y de sus países miembros. Algunos ya no están con nosotros, como Francisco da Cunha, recordado por haber concebido en los años noventa aquel gran esfuerzo que dio lugar a Tax Solutions, un software de gestión tributaria que le dio soporte a varias administraciones durante más de veinte años.
En este recorrido también nos acompañaron, además de numerosos colegas del BID, liderados luego por Vicente Fretes, Emilio Pineda y Marta Ruiz, la FAD del Fondo Monetario Internacional y sus centros regionales, CAPTAC y CARTAC. Y, en los últimos quince años, la cooperación internacional, liderada en el CIAT por Gonzalo Arias, el último de los autores de este post, ha sido reforzada por donantes fundamentales como SECO, GIZ, NORAD, AECID, EUROsociAL y la Fundación Gates; que han permitido llevar más de 1500 semanas de asistencia técnica sin costo a varios de nuestros países, particularmente a los de menor desarrollo relativo, y construir bienes públicos que han impulsado acciones de asistencia técnica.
Tomando prestada la inspiración del título de algún célebre libro, creemos que este breve texto, pequeño como una nuez, quiere ser a la vez un relato y un homenaje. Un relato de la historia de la asistencia técnica que el CIAT ha desarrollado durante casi cincuenta años, y un homenaje a todas las personas e instituciones que la hicieron posible. En cincuenta años, más allá de lo técnico, hemos aprendido y transmitido, de generación en generación, dentro del CIAT, que no existen “llaneros solitarios”, que la coordinación de acciones con socios y redes de expertos se capitaliza y que el factor humano que subyace a estas acciones de asistencia técnica, no será reemplazado, al menos por ahora, por la inteligencia artificial.
Es oportuno reconocerlo ahora, cuando nos acercamos a la celebración de la 60.ª Asamblea General del CIAT y decir con alegría y en voz alta: Feliz aniversario.
Saludos y suerte.
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